sábado, 24 de octubre de 2009

LA AMISTAD

…Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un enorme árbol, cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales; a veces, los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser consientes de su verdadera condición… La carretera era muy larga, colina arriba, el sol era muy fuerte, estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un portal magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro, en el centro de la cual había una fuente que manaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada -buenos días…¿cómo se llama esta lugar tan bonito? -esto es el cielo -que bien que hayamos llegado al cielo por que estamos sedientos. -“usted puede entrar y beber tanta agua como quiera”-y el guardián señalo la fuente. -“Pero mi caballo y mi perro también tienen sed… -Lo siento mucho-dijo el guardián pero aquí no se permite la entrada a los animales. “El hombre se llevo un gran disgusto ya que tenia mucha sed, pero no pensaba beber solo; dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba exhaustos, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles había un hombre hechado, con la cabeza cubierta por un sombrero; posiblemente dormía. -Buenos días-dijo el caminante…tenemos mucha sed yo, mi caballo y mi perro. -Hay una fuente entre aquellas rocas-dijo el hombre indicando el lugar-Podéis beber tanta agua como queráis El hombre, el caballo y el perro, fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió a atrás a darle las gracias al hombre. -Podes volver las veces que queráis. Le respondió. -A propósito, ¿cómo se llama este lugar? - cielo. -¿El cielo? Pero si el guardián del portón de mármol me dijo que aquello es el cielo. -Aquello no era el cielo, era el infierno… -¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre!¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! -¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor. Por que allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…” Más Fragmentos de Paulo Cohelo –El demonio y la señorita Prym.

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